Sale Jamecelot


Un año después, el expediente es lo bastante grueso. El óxido nunca se cayó. Los riffs se quedaron en
el papel, no en las cuerdas. ¿Ensayos? Olvídalo. Planear uno era como coordinar movimientos con la OTAN
—salvo que lo único que se movía era la agenda de su novia.

Los sospechosos habituales llegaron temprano: depresión, inercia, auto–sabotaje. En lugar de
combatirlos, les sirvió una copa y los hizo compañeros de piso. Podía hablar de ideas todo el día —
riffs grandes, planes más grandes—, pero cuando tocaba plasmarlos, la cinta seguía vacía.

Esperé. Di tiempo. Dejé que el polvo se posara, con la esperanza de que una chispa prendiera. Solo hubo
humo. ¿Su trabajo en solitario? Muy bueno. A veces notable. ¿Consistencia? Siempre agotada.

Así se cierra el capítulo. Sin peleas, sin amplificadores rotos, sin drama. Solo una línea silenciosa
en el libro mayor: Jamecelot, fuera.

The One Divide vuelve a ser un hombre y una visión. Más pequeño, sí. Pero más afilado. Más limpio.
Impulsado.

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