“…si quieres saber quiénes son tus verdaderos familiares y amigos, haz una o todas estas: pierde tu trabajo, quédate sin plata, comete un error público. Los que sigan ahí después de la tormenta, esos son los que valen.”
— Robert Downey Jr.
Yo le agregaría algo más:
Si realmente quieres poner a prueba la lealtad de la gente que te rodea, ten la osadía — el descaro — de elegir un camino de vida diferente a las expectativas que se tienen de ti.
Tal como lo pone Robert Greene en Mastery, el momento en que una persona deja de ajustarse a las expectativas que otros construyeron sobre ella, empieza a aparecer resistencia.
Algunos se burlan.
Otros intentan reducir el esfuerzo a una caricatura.
Y otros simplemente esperan en silencio que fracases, porque tu crecimiento amenaza la versión de ti a la que ya estaban acostumbrados.
La versión incompleta que les da aires de superioridad en algún aspecto de sus vidas.
Diría que, entrando a los 50, muchos hemos vivido este tipo de dinámicas lo suficiente como para saber qué tan cierto es ese cuento.
Y sí que lo es.
Se le puede dar la vuelta a la arepa, sin duda alguna. Pero requiere trabajo real y serio para que las falsas narrativas vs. lo verificable no coincidan jamás.
En mi caso particular, he experimentado esto en su forma más cruda y determinante.
Curiosamente, la resistencia más marcada ha venido desde viejos amigos que precisamente están en alguno de los campos a los que quiero migrar. Como los músicos entre ellos.
Casi como si fueran los wachimanes de la entrada.
Como si me les estuviera metiendo al rancho.
Sí que han hecho ruido acerca de lo que estoy haciendo…con el telescopio bien afinadito.
Peor aún, alguno de estos en su momento vivió consecuencias casi fatales precisamente en su lucha por escoger su propio rumbo vs. lo que la vida le intento imponer.
Esas son las ironías del soñador; lo jodio el sueño y se le durmió la memoria…uff vathý! 😉
Por eso cada pequeño logro se magnifica simplemente al ver a ciertas personas luchando por procesar toda esta evidencia que contradice la identidad que me asignaron durante años.
Desde que empecé hace un tiempo con este camino, las burlas y opiniones detractoras han fluido como ducha de finca.
Pero apenas el trabajo comenzó a hacerse visible — un portafolio constantemente creciendo con música, producción, diseño, y hoy hasta nueva empresa — la narrativa comenzó a sufrir su metamorfosis.
Primero la postura era:
“Qué va a poder. Nunca ha hecho nada en la vida.”
Un año después, apenas comencé a subir mis primeras producciones:
“Lo que hace es horrible. Esa música no tiene ni ritmo.”
Al ver que no paro, el siguiente cambio fue:
“La IA le debe estar haciendo todo. Hasta lo que escribe.”
Y al ver que el cuentico se ha ido derrumbando, ahora la cosa muta a algo todavía más curioso:
“¡Esto es un ataque en contra nuestra!”
Como si el simple acto de echar pa’lante pero ya no por la trocha, automáticamente convirtiera al paciente en una amenaza internacional.
¡No jodas!
Y así, mientras uno anda callado trabajando en reconstruir su vida profesional, termina descubriendo cosas bastante curiosas sobre cómo reacciona alguna gente al cambio ajeno. Un tema ya recurrente en mis entradas este…¿por qué será?
Alguna gente simplemente no aceptará tu versión que intenta escalar otros montes y ser auténtica.
Eso a muchos les levanta un espejo muy rudo al frente.
Prefieren la vieja versión conocida.
La versión sutilmente manipulable.
La que no incomoda a nadie con cuentos de crecimiento, disciplina o ambición ni nada de esa vuelta exigente, y que poco cacha con la persona que era yo cuando mi rumbo profesional era otro.
Ahí fue donde Mastery terminó teniendo todavía más sentido para mí.
Porque Greene habla constantemente de cómo, cuando una persona empieza a acercarse genuinamente a su vocación, ciertas dinámicas sociales se alteran de manera irreversible.
Hay personas que necesitan que te sientas pequeño para ellos poder sentirse grandes.
Y ahí está la clave:
Siempre te sentirás pequeño si tu vida gira alrededor de cumplir expectativas ajenas mientras entierras las tuyas.
Mantenga ese ritmito por décadas y verá cómo inevitablemente se termina afectando la personalidad del mompa.
El humor.
El carisma.
La identidad misma.
Todo se embolata.
Y quizás por eso, cuando finalmente decides jugártela al cambio, existe tanto miedo por la polviza que se va a levantar.
Además, cuando se toman decisiones así de viscerales, de cambio de vida extremo, generalmente la persona ya está bastante quebrada por dentro.
(Y en mi caso, hasta por fuera).
Pero la alternativa a no hacerlo probó ser muchísimo peor.
En un alegato conmigo mismo llegué a la conclusión de que:
Mi identidad no es un verraco hobby. Creo que con esto no se puede jugar más.
Y cuando esa realización aterrizó de verdad, la opinión externa fue perdiendo una cantidad absurda de poder sobre mí.
Por eso la distancia y la soledad eventualmente se han vuelto necesarias para mi paz mental.
Pero la clave es que sea soledad, y no abandono. Porque la soledad bien usada es un arma letal.
¿Poder cocinar mi propia sopa sin otra gente metiéndole su sazón?
¡Tremendo espacio para crear!
Abandono ya es otro cuento.
Dejarse ir.
Perder la salud.
La presencia.
La ambición.
La cordura…
Todo esto es un tema muy diferente al de un man trabajando durísimo por sus metas. Desconectándose de toda distracción hasta que logre lo que busca.
Ya rumbié y socialicé más que suficiente en mi vida. Y bastante exitosamente, debo agregar.
Novias y relaciones insulsas en este momento, ¿pa qué?
Ya vendrá el espacio para enfocarme en conseguir la mujer que valore lo que tengo yo para ofrecer.
Por eso estos han sido y seguirán siendo tiempos de camello y sacrificio. Yo sabré hasta cuándo.
Y es increíble que incluso eso genere su buen caudal de críticas.
Nunca para.
Así que finalmente sentí que valía la pena escribir la segunda parte de mi warlog relacionado con el lanzamiento de noviembre de 2025.
Suficientísimo tema nuevo pa reflexionar.
Estos últimos seis meses se han sentido menos como vida normal y más como una campaña sostenida de adaptación.
Los hackeos continuaron.
Me robaron dos veces en febrero mediante fraude online.
También peleé y gané una batalla con saborcito mamón a pleito legal contra el dueño de mi apartamento anterior y su cantinflesco equipo. Una experiencia que me confirmó lo rápido que se puede quedar en ridículo cuando se subestima a otra persona. JAJAJAJ
Después de eso:
Entre todo lo que la vida te mueve el barco, es un respiro saber que he podido mantener bien protegida la relación más importante de mi vida:
La que tengo con mi hija.
Hay algo profundamente hermoso en convertirse en amigo genuino de tu hija.
Abandono jamás he sentido gracias a su amor y lealtad incondicional.
Verla crecer responsable con sus cosas. Pila. Alegre. Libre.
Me da tremenda tranquilidad.
No sobra decir que me siento orgulloso del man que veo cuando me miro al espejo.
Algo que me costaba decir hasta no hace mucho.
Documentar todo este proceso como lo llevo haciendo desde hace años me ha ayudado muchísimo psicológicamente, en la ausencia de otros apoyos que se negaron a ofrecerse (como una pecueca llamada).
Estos warlogs — frecuentes ensayibiris que van contando el sube y baja de lo que estoy haciendo — son mi “making of.”
El único riesgo es que la vuelta no termine con tremendo final épico.
Pero lo hago sobre todo por lo positivo que me traen estas reflexiones, así no sean escritas con el mismo nivel de estética literaria que otros manejan, como pa Nobel de literatura…
Pero cumplen exactamente con su intención.
Ir dejando una huellita después de cada momento clave mientras voy hacia la carrera en la que quiero seguir ejerciendo el tiempo que me queda.
Y sí… parafraseando unas pocas pero inmarcesibles palabras de la Segunda vicepresidenta histórica de mi patria:
“Al que no le guste, pues de malas.”
Esto me mantiene consciente de lo que realmente he tenido que enfrentar, adaptar y construir durante estos años.
Y también me abre el ojo ante todo lo que aún me falta por recorrer.
Por ahora, este periodo de mi vida ha sido principalmente para recuperar control sobre mi carrera y futuro profesional.
Eliminar ruido. Eliminar dependencia de aprobación externa.
Así esto implique caminar solo por ciertos tramos del camino. Tal como lo hago hoy.
En esto va mi historia.
Tan pública como un rumor.
Y apenas comienza esto.