Demasiadas Guerras, Solo una Espada


El plan parece simple en papel: dominar el diseño de videojuegos, dominar la producción musical, criar a una hija y asaltar la industria como un caudillo creativo.

Simple en papel. Imposible en la práctica. La estrategia necesita reescritura.

Estos campos no son pasatiempos: son imperios. El diseño de videojuegos es un laberinto de arte, código, mecánicas y caídas nocturnas. ¿Producción musical? Otra bestia: los plugins gruñen, Cubase se congela, un tono de guitarra que suena glorioso en solitario se convierte en un eructo ahogado en la mezcla.

La verdad golpea sin compasión: no puedo pelear en todos los frentes a la vez. Si me disperso demasiado, me desangraré antes de ganar una sola batalla.

El martillo cae: foco. Una espada, una guerra.

Y esa guerra es The One Divide.

La lógica es limpia. Si quiero entrar, necesito un portafolio. Nadie hará fila en mi puerta, así que seré mi propio cliente. TOD se convierte en sujeto de prueba, conejillo de indias, prueba de concepto. Cada riff, cada grito, cada mezcla: mi campo de batalla.

No es glamoroso. No es bonito. Algunos días me ahogo en perillas y curvas de ecualización que me devuelven la mirada con sorna. Pero la misión está clara: demostrar que puedo producir esta música a nivel profesional. Sin atajos. Sin excusas.

Los otros sueños pueden esperar. Por ahora, el estudio es la sala de guerra.

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