Comienza Implode
Qué nombre tan malditamente apropiado para lo que estoy viviendo ahora. Mi ex–esposa parece haber brotado con una cabeza de demonio sobre los hombros (hey, buen nombre para una canción: Demonhead). Y, por primera vez, la misión tiene un nombre: Implode. Mi primer EP. Cinco canciones. Un hombre destrozado tratando de moldear el sonido del colapso en algo audible.
La música es más oscura que todo lo que he escrito antes. Depresiva. Pesada en ánimo, no solo en distorsión. ¿Qué otra cosa podría ser? Las paredes se cierran, y siento que todos los que conozco —todos los que amo — me dan la espalda porque me atreví a perseguir mis sueños.
Que se jodan.
Implode se siente menos como una elección y más como un diagnóstico.
A estas alturas, estoy hasta las rodillas en la primera canción. En papel: progreso. En la realidad: un aula de preescolar plagada de pequeños monstruos. Las guitarras suenan delgadas, débiles, en mono. Bajo la ganancia para tallar claridad, pero pierden cuerpo: se encogen en papel. Empujo la ecualización, y silban. Apilo más pistas, y se pelean como gatos callejeros.
Las mezclas no respiran. Todo se pliega hacia adentro. El bombo desaparece bajo las guitarras. El bajo enturbia las frecuencias graves. Las voces reposan torpemente encima, como si estuvieran pegadas con cinta adhesiva. Corrijo un problema y tres más se arrastran bajo el escritorio.
¿Estéreo? Olvídalo. La pista suena como si viniera de un radio despertador enterrado bajo una almohada. Quiero amplitud, pero el panorama se derrumba en cuanto toco un fader. Las reverbs emborronan en lugar de abrir espacio. Los delays ensucian, devorando la claridad. La sala se encoge, no se expande.
Mierda. ¿En qué me he metido esta vez?
Supongo que esto es lo que realmente significa “aprender el oficio”. Los tutoriales hacen parecer que los knobs son magia. La realidad suena como un refrigerador moribundo.
Aun así, cada noche me siento aquí, persiguiéndolo. Dando forma al ruido hasta convertirlo en forma. Implode puede ser torcido, roto, frágil… pero está naciendo, nota por nota.
Y una cosa ya es segura: aunque me mate, este EP vivirá.