Basura Sónica

Entrada corta hoy. Me siento de la mierda. La Navidad vino y se fue, pero no se sintió como Navidad. Solo otra noche solitaria, iluminada por luces baratas y el resplandor de una pantalla de DAW. Mi familia se mantiene a distancia, y me cuesta entender qué obtienen de ello… me enoja de algún modo. Las conversaciones son cortantes, distantes, transaccionales. El silencio entre nosotros se siente más pesado que la propia pandemia.

La soledad corta profundo. La risa de mi hija es lo único que me sostiene al borde del abismo. Pero cuando ella duerme, las paredes se inclinan más cerca, el aire se vuelve rancio, y la duda gotea como un grifo que no puedes cerrar.

Sigo diciéndole a todos que esto es mi carrera. Que estoy construyendo algo real. Que intentar vale el sacrificio. Pero la verdad… ahora mismo no tengo resultados que respalden mis palabras.

Las mezclas suenan delgadas, sin vida, vergonzosas. Basura sónica. Eso es lo que escucho. Y lo admito.

Las guitarras no rugen: gimen. La batería no golpea: traquetea. Las voces reposan en la mezcla como fantasmas sin cuerpo. Cada vez que reproduzco una pista, siento que estoy sosteniendo mi propio fracaso en repetición.

¿Autoestima? En el suelo. Más abajo que la tierra. Barro.

Aun así, seguiré empujando. Porque quizá, en algún punto, el ruido tomará forma. Será un desafío. Nada más que decir.

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