Viejos Fantasmas en Halloween
Nada duele como la traición.
Hace años, cuando estaba librando batallas por todos lados, hice lo que haría cualquiera con dos dedos
de frente:
busqué a mi mejor amigo.
El que creció conmigo.
El que se sentía como un hermano.
El mismo con el que sudé en ensayos, con amplificadores baratos y conciertos imposibles de olvidar.
Sí. Ese man.
Todos tenemos ese amigo de la infancia:
el que juramos que va a estar ahí al final de la historia,
alzando una birrita y diciendo: “todo bien.”
Y como él se había convertido en una persona dedicada a temas de bienestar y desarrollo personal,
pensé:
“Listo. Tiene las herramientas… y el corazón. De esta salimos fácil.”
El Giro
Pero la vida tiene un sentido del humor particular.
Cuando acudí a él, no solo me negó su “ayuda”, sino que dedicó el poco tiempo que interactuamos
a darme unas clasesitas de política de izquierda. Jajaja.
En lugar de recomendarme a Tolle o a Peterson —como haría cualquier buen entusiasta del crecimiento
personal— me insistió en leer el plan de gobierno del político de turno.
Y, claro, cuestionó mi inteligencia por opinar sin antes estudiar la obra maestra de su héroe.
Nunca la leí.
Y cuatro años después, sigo sin estar equivocado.
El ciclo de esa función que llaman “conciencia colectiva” fue un circo de tres pistas.
Tremendo diagnóstico para alguien que dice dedicarse a “elevar la conciencia.”
Esa fue la última palabra que cruzamos.
Mi vida siguió:
mi hija, mi trabajo, la música, los proyectos…
y hasta amigos verdaderos volviendo al panorama.
Estoy ocupado. Haciendo lo que me gusta, sin pedir permiso ni opinión.
Estoy mejor que nunca.
En el ruedo hace rato, con la mente clara y el alma liviana.
Lo que dolía quedó atrás hace mucho.
El Fantasma
Pero en Halloween, como si fuera un fantasma ya olvidado, se materializó en un chat.
Hizo su show: buscando atención — especialmente la mía — con sus dos o tres fieles e inofensivos
goblins frotándose las manitas, creyendo que se cocinaron la triquiñuela del siglo desde la sombra,
a los cincuenta años de edad.
El arte del pillín.
Por ahí leí que a un león poco le importa el vuelo de una mosca…
Y aquí están estos, empecinados en convertirme en Simba. Jajaja.
La intención de burla, clarita y bienvenida.
El más que nadie sabe que por aquí se le tiene material, si por eso fue que apareció. 😉
Definitivamente hay gente que no entiende cómo funcionan las percepciones públicas.
¿No se fija que lo están viendo?
¿Quién dejaría su salud mental en manos de alguien que predica serenidad mientras juega con provocar
emociones ajenas?
Eso es como escupirle al viento, esperando que no le caiga en la cara.
Como el típico psicólogo de YouTube: el gurú de la calma, atrapado por las tormentas que predica
dominar.
Una persona intentando generar caos emocional en alguien a quien alguna vez le debió lealtad…
Eso Freud lo habría cobrado doble.
¿El efecto en mí?
Nulo.
Magia de feria barata. Chispita Mariposa.
Pero bueno — me dejó material para esta entrada.
Algo invocó: al menos, un buen chiste.
El Lector Oculto
Porque, al parecer, se lee todas estas entradas.
Pensé que de Jung y Kafka no bajaba.
Y si la risa cura…
que siga la terapia.
La Medicina
Una vez busqué orientación en un guía de la autoayuda y desarrollo personal.
Y solo aprendí una cosa:
Auto. Ayuda.
El intermediario es innecesario.
Y a veces, eso significa dejar a ciertos fantasmas exactamente donde deben quedar:
en el pasado.
K.O.